Hoy me he levantado, como todos los días, a las 7 de la mañana, con ese maldito ruido del despertador que cada día suena peor. Una ducha caliente que intenta hacer volver los pensamientos que producto del sueño van y vuelven. Esa ropa ploma que te identifica por el resto del día en una verdadera cárcel para niños, que si bien es mi segunda casa. Llegando a casa luego de un día extenso, mi madre hace la pregunta de cada día ¿Cómo te fue? y esa respuesta que tampoco cambia "bien"...
Luego de cenar me dedique a pensar en que podría escribir en mi blog, hasta que mi madre me da la idea de escribir sobre mi día a día y le di las gracias. Mi almohada cada vez me llamaba más hasta que le obedecí y me dedique a dormir a esperar un día más.
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